IA y datos para cuidar Machupicchu: mi papel en el nuevo estudio de capacidad de carga

August 18, 2026 (1d ago)

Hay lugares donde los datos obligan a bajar la voz. Machupicchu es uno de ellos. Escribo estas líneas durante la primera misión de campo del nuevo estudio de capacidad de carga y límite de cambio aceptable del Santuario Histórico de Machupicchu. Entre Cusco y Machupicchu, cada decisión sobre datos, recorridos, indicadores o flujos tiene una condición previa: ayudar a conservar el lugar.

Participo como experto en Informática y Sistemas de Información Territorial en el equipo internacional de ARS Progetti SPA, la consultora con sede en Roma que elabora el estudio para el Gobierno del Perú. MINCETUR lo puso en marcha con el Ministerio de Cultura y el SERNANP. El encargo tiene 190 días calendario de ejecución y prevé concluir en el primer semestre de 2027: planificación e inicio; diagnóstico y línea base; evaluación y modelamiento; propuesta final e implementación.

Machupicchu es un sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO inscrito en 1983 como bien mixto, cultural y natural. Su Valor Universal Excepcional, el VUE, no es una etiqueta decorativa: es el marco que obliga a que la conservación pese en cada decisión. La nota pública de MINCETUR delimita el trabajo: flujos de visitantes, condiciones del territorio, conservación del patrimonio cultural y natural y servicios turísticos, de acuerdo con el Plan Maestro del SHM-PANM 2026-2031.

La capacidad la define la conservación

Este punto tiene una historia institucional relevante. La misión de monitoreo reactivo de 2017 observó que el cálculo de capacidad de la Llaqta estaba vinculado principalmente a la demanda turística y a la experiencia del visitante, mientras que el VUE y los parámetros de conservación debían ocupar el centro. La misión pidió considerar los efectos de largo plazo sobre los valores y atributos del bien, incluyendo cuestiones como erosión, perturbación de fauna, impacto sobre la flora, residuos y contaminación.

Ese criterio llegó a la Decisión 41 COM 7B.36 del Comité del Patrimonio Mundial. El Comité pidió al Estado peruano revisar las capacidades desde las necesidades de conservación, aplicar límites claros a los visitantes, definir una visión basada en los atributos del VUE y conectarla con un sistema integral de monitoreo natural y cultural e indicadores definidos.

De ahí sale una idea muy sencilla que guía mi parte del trabajo: la conservación define la capacidad. Una capacidad de carga útil no cabe en una cifra aislada. Funciona como una herramienta de gestión adaptativa, alimentada por evidencia, indicadores y observación continuada. El sistema de información puede recomendar, alertar y simular escenarios; la decisión sigue siendo humana e institucional.

Construir un sistema de evidencia

Mi función abarca el diseño del modelo de datos y del sistema de información y monitoreo del estudio, la analítica, la teledetección, los SIG y la simulación de flujos de visitantes. Dicho de otro modo, trabajo para que las observaciones de territorio, los indicadores de conservación y las dinámicas de visita puedan dialogar dentro de un marco común y auditable.

El orden importa. Antes de aplicar analítica, modelos geoespaciales o inteligencia artificial, hay que saber de dónde sale cada dato, qué significa, con qué calidad llega, cuándo se actualiza y quién responde por él. Sin esa disciplina se pueden construir paneles muy vistosos y conclusiones demasiado débiles. En Machupicchu, la trazabilidad no es una formalidad: forma parte del rigor.

También importa la privacidad. Se pueden estudiar flujos sin convertir a los visitantes en objetos identificables. Contar personas sin identificarlas es una regla práctica de privacidad por diseño: el estudio necesita patrones agregados, no perfiles individuales.

De simular personas a simular escenarios

Hay una línea larga que conecta este trabajo con mi trayectoria. En los años noventa investigué la simulación de sistemas paralelos. Más adelante, los modelos basados en agentes me permitieron trasladar una pregunta parecida a sistemas humanos complejos: qué ocurre cuando muchas decisiones individuales producen dinámicas colectivas.

La gestión de flujos en un sitio Patrimonio Mundial exige esa mirada. El trabajo consiste en explorar escenarios bajo condiciones explícitas, entender sensibilidades y preparar mejores decisiones. La simulación aporta cuando se calibra contra la realidad, reconoce sus límites y se mantiene ligada a indicadores de conservación.

Mi trabajo reciente en IA aplicada y auditoría de sistemas de IA, incluido GEORadar, comparte esa disciplina metodológica: construir una base de evidencia, declarar supuestos, medir resultados y evitar que una salida automática se confunda con un criterio institucional. Aquí el objetivo no es comercial. Es contribuir a que el conocimiento técnico ayude a cuidar un bien cultural y natural de valor excepcional.

Rigor, aprendizaje y responsabilidad

Esta primera misión abre un periodo de aprendizaje exigente. Quiero aportar, desde la informática territorial y la simulación, un sistema que sea útil para quienes tienen que decidir.

El compromiso es claro: rigor con los datos, prudencia con la tecnología, privacidad por diseño y conservación como criterio superior. El estudio pertenece al Gobierno del Perú. Mi papel es trabajar con seriedad dentro de un equipo internacional para que la evidencia ayude a proteger Machupicchu hoy y a largo plazo.

Fuentes públicas